Todos habían llegado al bosque y Dani era consciente de ello, así que corrió tanto como sus piernas y su lesión se lo permitían, pero pocos metros más adelante tropezó con algo, cayendo a una grieta que se había formado en la tierra. No era muy profunda, pero le sirvió de escondite cual trinchera. Mientras el grupo le buscaba, se daban cuenta de que hacía rato que Pedro no se encontraba con ellos.
Pedro, por su cuenta, se había distraído y había dejado de correr hace tiempo, concretamente dentro del túnel que Dani había cruzado ya con anterioridad, le había llamado la atención una jeringuilla rota que se hallaba próxima a un objeto extraño que más tarde y tras desenterrarlo mejor adivinó como una mascarilla quirúrgica, tenía grabado el número 11, todo aquello jamás habría distraído completamente su atención, de no haber visto una imagen superpuesta a la de esos objetos. Al acercarse, una voz le susurró:
- ¿Recuerdas esto, o es que has decidido también... olvidar?
En tal momento y tras unos segundos de meditación, Pedro no logró recordar gran cosa, tan solo un breve espejismo de una puerta, en un lugar infinitamente oscuro que se adivinaba infinitamente grande a su vez; una voz familiar, su madre tal vez, le invitaba a seguir ahí donde estaba, a solucionar todo aquel entuerto y sobre todo entre sus amigos. Pronto, Pedro dejó de percibir lo poco que vislumbraba ya borrosamente en aquel oscuro túnel, cayendo a salvo pero bruscamente sobre el suelo arenoso de aquel tugurio.
- ¿Dónde estoy? -dijo Pedro, pero nadie respondió, parece que estaba rodeado de gente, de médicos. A juzgar por sus atuendos Pedro intuyó que lo eran, aunque se extrañó al ver pasar algunos con un enorme número rojo en la espalda, el 3, el 6, el 9, y un símbolo bajo cada uno de ellos, mas sus sospechas se confirmaron sobre la marcha al comprobar que se hallaba dentro de un hospital, aunque era difícil de compropobar por el lugar, que se asimilaba mucho a las habitaciones del albergue, las paredes eran blancas y a pesar de saber estar soñando, el olor a esterilizado invadía la habitación. Una niña sobre una cama blanca parecía estar esperando a alguien, sostenía y moldeaba una figurita de origami, un cisne de color blanco.
- Perdona, ¿quién eres?
La niña no contestó, pero una voz interna débil pero dulce, como la que le susurró antes, le volvió a susurrar mientras la niña le miraba:
- ¿Es que ya no me recuerdas?
No hubo tiempo de reacciones. Un doctor entró en la habitación, enseñó otro animal de origami a la niña arrebatándole el suyo de las manos y poniendo ambos en un cajón lleno de ellos. Con voz burlesca, la invitó a levantarse de la cama para hacerle pruebas.
- ¡No soy ninguna cría! -dijo la niña con tono marisabidillo e imperativo.
- No te preocupes, solo estoy bromeando -dijo mientras se daba la vuelta para cerrar la puerta de la habitación, es entonces cuando Pedro percibó que en su blanco uniforme médico, había escrito un enorme 7 rojo con un simbolo oval debajo.
-Pero, Dr. Fernando, si aún no es la hora...
- Ya, lo siento princesa, es que hoy hemos tenido que comenzar antes por orden de la "sargento".
- Aaah, ahora entiendo -dijo la chiquilla entre risas.
Pedro por su cuenta observaba en silencio no muy lógico, teniendo en cuenta que nadie le oía, la escena de complicidad entre aquella chiquilla y el doctor.
- Qué has hecho, mira que te tengo dicho que no pintes en las paredes.
-Pero Fer, no seas tan cascarrabias, solo he dibujado un círculo en ese calendario tan raro de ahí.
Pedro observó al dctor acercarse con expresión de estupor hacia el cartel.
- Pequeña, qué inocente eres, esto no es un calendario, es una tabla periódica, Te 52, ¿por qué has señalado el símbolo del Telurio?
- Porque debajo del simbolo pone Telurio, la doctora Mabel no paraba de mencionarlo cuando espiaba tras las puertas, lo oí.
A Fernando se le ensombreció el rostro, y sin mediar palabra tomó a la inconsciente chiquilla de la mano y se la llevó de la sala.
Pedro apareció en otra sala: era una consulta, a juzgar por la mesa, y tras una lona blanca asomaba lo que se parecía a una cama de psiquiatra, pero sólo le dio tiempo a ver cómo al llegar la doctora inyectaba algún tipo de tranquilizante a la niña, que al desmayarse caía en brazos del Dr. Fernando, el cual entre lágrimas se hallaba.
- Serás inútil -dijo la mujer-. Con lo robusto y fuerte que eres, y tienes que ser tan marica, recuerda por qué hacemos esto, por qué estás aquí, eres libre de irte en cualquier momento, eso sí, olvídate de recomendaciones, tu expediente laboral no quedará limpio y menos aún presentable, ah espera, que estamos en guerra, donde más te van contratar a estas alturas, muermo sin papeles... No te preocupes por la opinión pública, recibimos miles de enfermos así en este hospital, lamentablemente el hospital de costa Sta. Verónica no puede lidiar con todos los enfermos como le gustaría, en plena guerra y crisis del único hospital de esta aldea alejada de la mano de Dios, nadie sabría que hacemos, con tantas muertes producidas aquí.
Se levantó, y se dirigieron hacia la puerta portando a la niña previamente en una camilla de hospital, dejando ver al igual que Fernando un número grande y rojo en la espalda, el número 11, pero a diferencia de los otros compañeros, éste estaba rodeado de simbología, entre ellos se hallaba el símbolo oval de número 7. Pedro parpadeó y al abrir los ojos se hallaba en el túnel donde habia tenido aquella visión anteriormente, observaba como se llevaban a la niña y en el grabado de las líneas del suelo se podía leer con claridad: Planta de Telurio. De repente, la niña abrió los ojos y miró a Pedro fijamente, gritando:
- ¡Hermanito!
Pedro comenzó a tener flashback de otro hospital, que se fundieron en recuerdos de sangre y dolor que su mente debió haber bloqueado ese tiempo, la vio a ella junto a él, tenian casi la misma edad, y a ella la vio partir, mientras su madre lloraba en el hospital donde se hallaba él, durante el transcurso del flashback la imagen no tan nítida de la escena mostraba cómo volvían a pinchar a la niña con una jeringuilla, dejando en el esfuerzo caer una mascarilla a la Dra. Mabel que tenía grabado el número de su uniforme, el 11.
De pronto, Pedro perdió el conocimiento escuchando una voz familiar que decía:
- Toda guerra contrae víctimas, todo medio es justificado por un fin... si las vendas no salvan vidas, lo hará un arma, el arma más temible que jamás se haya usado, un arma que los hombres temen y que por sí misma mata, la muerte es la solución para evitar más muertes aún... por esto estamos aquí, para combatir el fuego... con fuego.
La voz dulce de la chiquilla se tornó fría interrumpiendo el discurso de Once.
- No quiero ver... nada más.
Entre tanto Dani, aún oculto en su trinchera provisional, desempolvó el objeto con el que había tropezado, y descubrió un grabado metálico oxidado, en el que se podía leer: Hospital Sta. Verónica...