lunes, 6 de febrero de 2012

Capítulo 28

—No es posible...
—¿Por qué? ¿Qué ocurre?

Dani iba a explicárselo cuando oyeron un grito no muy lejos de ahí. Pedro se apresuró a saltar dentro del escondite, para ocultarse como él. Al caer chocó con Dani, aplastándole más su tobillo. Se oyó una especie de crujido, como si algo se rompiera. Dani pensaba que su amigo le había roto algún hueso sin querer, pero al no notar apenas dolor, decidió guardar silencio. Oyeron entonces unas voces. Alguien estaba discutiendo.

—¡... y no te atrevas a llevarme la contraria, Siete! -dijo alguien con una voz metálica.
—Sólo digo que puede que no sea él. No tiene los mismos ojos que Sara... -decía una voz de hombre.
—Jamás olvido un experimento, aunque veo que tú no puedes decir lo mismo. Es obvio que continúas encariñado con esa niña que murió hace años y que intentas proteger ahora a su hermano.

Estaba claro que la voz metálica era la de Once. Dani se incorporó como pudo en su escondite e intentó avistar a los espíritus. Los vio a unos treinta metros de distancia, tras unos matojos. Aguzó el oído para no perderse ni una palabra.

—Pero Sergio también dijo que...
—¡Sergio ya no existe! No creo que quieras correr su misma suerte, ¿no, Siete? Por cierto, ¿qué has averiguado de la nueva? Sigo sin tener poder sobre ella y como bien sabes no tengo mucha paciencia.
—¡De verdad que no lo sé! Parece estar protegida por algo.
—Dime algo que no sepa, Siete. Ese aura azul claro que le rodea es debida a algún elemento que aún no conozco. Si te enteras de algo no dudes en contármelo.
—Por supuesto que no, Once.

Y dicho esto, Once desapareció, dejando a Siete como aturdido en medio del bosque. Dani se giró para contarle a Pedro lo que habían dicho pero le vio entornando los ojos mirando hacia la misma zona donde Siete se encontraba.

—Pedro, ¿qué miras? Si tú no ves nada... ¿o sí?

Pedro le miró ruborizándose repentinamente.

—No... no veo nada. Pero como tú mirabas hacia allí...
—Ah, vale... —respondió Dani, aunque le seguía dirigiendo una mirada suspicaz—. Pues eso, que he visto a...

Su explicación se vio interrumpida por la aparición de Nadia.

—¿Qué has hecho? —le espetó a Dani. Este último, sin comprender, abrió la boca para decir algo, pero no sabía a qué se refería Nadia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario