Mientras Sergio y Pedro estaban en ese túnel, el resto del grupo yacía en el interior del albergue resguardados del calor. Era ya el último día de estancia, así que en breve iba a venir el dueño del establecimiento a proceder al cobro y el autobús a buscarlos. El dilema en ese momento era qué hacían con Dani.
—¡Tenemos que denunciarlo y luego irnos! -propuso un integrante del grupo.
—Chicos, recordad que sigue siendo nuestro compañero, ¿qué le diremos a sus padres? -dijo otro chico.
—Esto no es nuestro problema, es el suyo, por todo lo que está pasando, ¡¿que está loco, no lo veis?! -dijo Rosa.
Entonces se abrió la puerta y entró el dueño del albergue. Era un hombre muy serio, que siempre lo miraba todo con mucha atención. A juzgar por las fotografías del lugar, en su juventud había sido doctor. En el pie de las fotografías, siempre había algo parecido a "Doctor Nevele Jackson, en una conferencia de medicina en California''.
—¿Oiga, usted podría contarnos algo sobre este lugar? -preguntó Rosa
—¿A qué tipo de pregunta te refieres, muchacha? -respondió con cara de asombro el casero.
—Este lugar, por su tamaño y su infraestructura, parece haber sido otra cosa.
—Y lo era, esto antes era un hospital. Pero ocurrió una gran catástrofe y tuvieron que cerrarlo. Entonces...
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