El seísmo duró unos instantes, pero se desplazaron muebles y algunos presentes sufrieron una caída del asiento donde se hallaban desayunando y discutiendo alrededor de la mesa.
Por su parte Dani también sufrió las consecuencias y cayó irremediablemente, perdiendo además el contacto que había logrado crear con los espíritus. Tan solo uno de ellos se quedó allí, parado, completamente visible a sus ojos; tan nítido que ni parecía uno de ellos. Desprendía un aura morada pálida, no era azul como la de los demás espectros con los que había tratado hasta entonces. De repente, el espíritu dio un paso adelante que, ante la sorpresa de Dani, resonó al crujir los tablones de madera que tenía debajo, más como si alguien los apretara y retorciese a como si alguien pisara sobre ellos. Dani, asustado pero decidido, miró fijamente a donde se hallarían sus ojos en su forma física, en ese momento se preguntó si realmente los espíritus veían por esos ojos o era solo una manifestación de sus cuerpos que los sostenían, y se hizo el silencio.
Mientras tanto todos los presentes en la mesa empezaron a especular la causa del seísmo, e incluso sospecharon de Dani, por lo que Pedro inistió en que era una suposición demasiado precipitada, al fin y al cabo Dani y él habían entablado confianza hace poco, pero aquello era algo de lo que sabía que no podía hablar aún, de lo contrario sería silenciado junto con Dani y no podría actuar. Debía ser cauto si no quería estar encerrado también y no poder ayudar a Dani, así que tras el comentario todos le miraron raro, pero pronto empezaron a discutir, hecho que Pedro aprovechó para escabullirse entre la confusión e ir a ver al invitado favorito de la noche que continuaba encerrado en aquella habitación.
Mientras, el espectro de gran constitución que se había aparecido delante de Dani comenzó a hablar:
- Buenas, me llamo Fernando, o al menos me llamaba, creo recordar..., tengo otro nombre, un número, pero también lo he olvidado... No sé mucho acerca de mí, ciertamente solo recuerdo que ninguno de los visitantes que tenemos hospedados en este albergue me hace caso, es como si nadie pudiese verme. Tú estabas pidiendo ayuda, y me has mirado, pensé que no me verías pero me has mirado, entonces he querido ayudarte ya que nadie más lo hacía, espero que no sea esa la única razon por la que hablas conmigo, dime, ¿cuál es tu nombre?
- Me... -dudó Dani, asustado aún por la fuerte presencia de aquel individuo- me llamo Daniel, puedes llamarme Dani si quieres.
- Encantado, yo soy Fernando, creo..., bueno puedes llamarme 7, también me llaman así.
- Pero lo de Fernando ya me lo habías dicho, y el número no lo recordabas...
- ¿Quién es Fernando?, 7 es algo más que un número, es mi identificación y posición en este trabajo, es para lo que existo, y también para... Bueno, sé que había más pero no consigo recordarlo..., solo sé que hay algo que no debe olvidárseme y es...
Fernando miró hacia fuera y Dani pudo comprobar que había un muñequito de papel en la ventana de color rojo, era un gato hecho con técnicas de origami, la lluvia lo empapaba y el gato se deformaba por culpa de ello.
- Lo que no debo olvidar es que vosotros no sois buenas personas, y que no os importo nada, por eso tengo que provocar temblores enfadándome para asustaros.
Dani se extraño aún más si cabía.
- Si has sido tú el de los temblores he de decirte que a mí desde luego me has asustado, pero no entiendo por qué dices que son malas personas, solo es que no pueden verte, yo sí.
- No me lo creo, Once dice que lo son, ella nunca me miente.
- ¡Once!... -exclamó Dani-. No importa, yo sí te veo, en cualquier caso ¿por qué no deberías importarme? Tú eres el único de todos esos amigos tuyos que ha respondido a mi llamada de auxilio.
- En ese caso, te ayudaré, pero... Oh no, había olvidado que se me iba a olvidar seguramente. Tengo un poco de mala memoria sabes, Once sabe cómo hacerme recordar cosas, no me acuerdo de cómo, pero ese gatito de ahí fuera me ha hecho recordarlo no sé por qué, aun así mucho gusto en concoerte... Daniel, ¿puedo llamarte Dani?
- Pero si te he dicho que sí, ten, apunta mi nombre en un papel.
- No puedo, tengo la capacidad de leer aún mas atrofiada que la de recordar, solo sé pronunciar palabras.
- Está bien, mucho gusto en conocerte...
Tras desvanecerse, Pedro llegó a la habitación, y ambos se pusieron al corriente de lo que pasaba, debían hacer algo pronto, los chicos irían a por Dani así que nadie podría hacer ya nada si eso ocurría. Pedro tomó una dificil decisión, liberó a Dani, y tras un apretón de manos se volvió a escabullir mientras Dani salía por la puera trasera.
Ambos tenian la misma idea en mente, aprender papiroflexia, no era un gran pasatiempo pero era necesario para hacer una figura de origami. Sin embargo, la trayectoria de Pedro se vio cortada por sus amigos, y cambió completamente de actitud.
- Chicoss, chicos... Dani, Dani se ha escapado, parece que ese temblor debió abrir la puerta. Estaba algo desencajada, así que he ido a arreglarla y él ya no estaba.
Todos, extrañados, decidieron urdir un plan para encontrarle. Por primera vez romperían el grupo, para ir más allá del albergue...
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