Efectivamente, lo era. O eso es lo primero que pensó al despertarse, pero lo que no le cuadraba a Dani es que todo estuviera tan oscuro. Pronto se dio cuenta de que la cama en la que estaba no era la del albergue. ¿Donde estaba ahora? Pronto recordaba algo. Recordaba su sueño, o lo que creía que era un sueño, en el que Nadia moría. Pero, de pronto se dio cuenta de lo que pasaba. Nada había sido un sueño. Estaba encerrado en un sitio oscuro, frío y desconocido. ¿Quién lo había encerrado ahí? Al cuestionarse esa pregunta, le vinieron a la cabeza las palabras que Nadia dijo jadeando en la cabaña de ese fantasma, "No los creas, todos ellos fingen... Tus amigos... El medicamento... Me he tomado tu medicamento..."
Tras unos duros minutos de reflexión Dani empezó a arrastrar las manos por las paredes para ver si encontraba algún interruptor que iluminase la lúgubre habitación. Justo cuando lo encontró, con toda su esperanza lo encendió, pero no funcionaba. Pronto escuchó unos pasos detrás de la puerta, así que se estiró de nuevo en la cama y se hizo el dormido.
Entró Pedro y dejó un plato de comida en el suelo, un vaso de agua y se fue. La verdad es que el olor a comida, le hizo despertar a Dani el apetito así que se acerco al plato. Pero... Por un momento pensó que la comida podría contener Deoxtrinina, pero el hambre era aún mayor, así que le dio un bocado y... Y entonces escuchó la voz.
- ¿Quién eres? -preguntó un espectro, como el de la chica del albergue.
- Oh Dios, en serio, estoy loco -se dijo Dani a sí mismo.
- ¿En serio me puedes ver? ¡¿ME ESTÁS ESCUCHANDO?! -gritó el fantasma.
- Digamos que tengo un sexto sentido... -explicó Dani.
- Bueno, ahora ya no importa. Todo el que acaba en este sótano corre el mismo destino -dijo el fantasma.
- ¿El mismo destino? - preguntó Dani.
- Sí, este sótano era un antiguo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario