Cara a cara de nuevo con la puerta en un entorno lúgubre, sin horizonte, tan oscuro como inmenso, Dani volvía a presenciar aquel sueño como otras noches anteriores.
—Dani, estoy aquí en tu sueño por alguna razón, porque algo habrás hecho o porque no sabes qué hacer para resolver algún problema con tus amigos.
Sin embargo, en esta ocasión pudo atravesar la barrera de tiempo de su propio sueño, quizás por haber soñado ya demasiadas veces con lo mismo y que la indiferencia no le despertase o quizás por su desesperado interés en saber más acerca de la situación que le rodeaba, recordaba la habitación en la que estaba encerrado, y también que se trataba de un sueño, pero no podia despertar aún.
—Este lugar es uno de los lugares que te corroe, este lugar puede sacar lo peor de ti y lo peor de todos, ya que tus amigos parecen haber cambiado. Mantente firme, mantente fuerte, no cambies y no dejes que este lugar te atrape. Eres libre de marchar de este sitio cuando tengas la oportunidad, pero aún tienes un problema que atender con tus amigos. No puedes irte, como siempre te enseñé, jamás solventarás un problema si lo eludes y sales corriendo, solo sé fuerte, solo no cambies.
Durante el discurso de la voz que tenia similitudes inequívocas con la de su madre se pudo ver con claridad una luz que emergía de la puerta. Dani se disponia a tocarla con el dedo índice, cuando...
—Dani, Dani, ¿estás despierto? —se escuchó junto con los golpes de Pedro, que llamaba a la puerta de la habitación donde se encontraba Dani.
Pedro desaseguró la puerta y entró. Dani le recibió desconfiado; Pedro notó su desconfianza y le explicó que todo había sido una artimaña pero que, tras ver a Nadia antes del mensaje, estaría dispuesto a escucharle.
—Pedro, antes de que oigas lo que tengo que decirte creo que lo mejor sería que escuchases este consejo, pase lo que pase en este lugar lo mejor es que no cambies, este sitio puede sacar lo peor de ti.
—¿Cómo lo sabes?
—Desde hace un tiempo tengo sueños en los que, además de intervenciones de espíritus que a menudo puedo ver, me habla mi madre, estas son palabras textuales suyas de esta noche, siempre ha acertado con sus palabras.
—No sé qué decirte Dani, no sé de qué fiarme ahora mismo, ni tú ni los demás parecéis tener la respuesta a lo que ocurre, y todos decís tenerla, todos creen que tú has secuestrado el cuerpo de Nadia, y por tanto te asocian con su muerte.
Dani explicó todo detalladamente, desde lo del acantilado hasta su última visión fantasmal en esa misma habitación, y Pedro, absorto, optó por dar por válida su interpretación de los hechos.
—Escucha, yo no quiero irme de aquí sin que todo vuelva a ser como antes, e intuyo que tú tampoco Dani, así que lleguemos al fondo de esto, antes de que todos desconfiemos de todos en este albergue, menudas vacaciones nos estamos tomando, ¿eh?
Ambos optaron por salir de la habitación, pero Dani sabía que de encontrarla vacía el resto pensaría mal de Pedro, así que optó por quedarse ahí hasta que Pedro encontrase una prueba que pudiese quitarle la culpa. Esa noche, Pedro dijo a los demás que Dani no había pronunciado muchas palabras, pero que se mostraba dócil y no había salido de la habitación, ante lo que los demás no dieron relevancia de que en el mensaje se describía claramente que un segundo involucrado arrastró hacia lo desconocido el cuerpo de Nadia. Entre recelo y curiosidad, miraban todos a Pedro en una velada que se desarrolló silenciosa para el resto de la noche.
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