viernes, 24 de febrero de 2012

Capítulo 29

Mientras Sergio y Pedro estaban en ese túnel, el resto del grupo yacía en el interior del albergue resguardados del calor. Era ya el último día de estancia, así que en breve iba a venir el dueño del establecimiento a proceder al cobro y el autobús a buscarlos. El dilema en ese momento era qué hacían con Dani.

—¡Tenemos que denunciarlo y luego irnos! -propuso un integrante del grupo.

—Chicos, recordad que sigue siendo nuestro compañero, ¿qué le diremos a sus padres? -dijo otro chico.

—Esto no es nuestro problema, es el suyo, por todo lo que está pasando, ¡¿que está loco, no lo veis?! -dijo Rosa.

Entonces se abrió la puerta y entró el dueño del albergue. Era un hombre muy serio, que siempre lo miraba todo con mucha atención. A juzgar por las fotografías del lugar, en su juventud había sido doctor. En el pie de las fotografías, siempre había algo parecido a "Doctor Nevele Jackson, en una conferencia de medicina en California''.

—¿Oiga, usted podría contarnos algo sobre este lugar? -preguntó Rosa

—¿A qué tipo de pregunta te refieres, muchacha? -respondió con cara de asombro el casero.

—Este lugar, por su tamaño y su infraestructura, parece haber sido otra cosa.

—Y lo era, esto antes era un hospital. Pero ocurrió una gran catástrofe y tuvieron que cerrarlo. Entonces...

lunes, 6 de febrero de 2012

Capítulo 28

—No es posible...
—¿Por qué? ¿Qué ocurre?

Dani iba a explicárselo cuando oyeron un grito no muy lejos de ahí. Pedro se apresuró a saltar dentro del escondite, para ocultarse como él. Al caer chocó con Dani, aplastándole más su tobillo. Se oyó una especie de crujido, como si algo se rompiera. Dani pensaba que su amigo le había roto algún hueso sin querer, pero al no notar apenas dolor, decidió guardar silencio. Oyeron entonces unas voces. Alguien estaba discutiendo.

—¡... y no te atrevas a llevarme la contraria, Siete! -dijo alguien con una voz metálica.
—Sólo digo que puede que no sea él. No tiene los mismos ojos que Sara... -decía una voz de hombre.
—Jamás olvido un experimento, aunque veo que tú no puedes decir lo mismo. Es obvio que continúas encariñado con esa niña que murió hace años y que intentas proteger ahora a su hermano.

Estaba claro que la voz metálica era la de Once. Dani se incorporó como pudo en su escondite e intentó avistar a los espíritus. Los vio a unos treinta metros de distancia, tras unos matojos. Aguzó el oído para no perderse ni una palabra.

—Pero Sergio también dijo que...
—¡Sergio ya no existe! No creo que quieras correr su misma suerte, ¿no, Siete? Por cierto, ¿qué has averiguado de la nueva? Sigo sin tener poder sobre ella y como bien sabes no tengo mucha paciencia.
—¡De verdad que no lo sé! Parece estar protegida por algo.
—Dime algo que no sepa, Siete. Ese aura azul claro que le rodea es debida a algún elemento que aún no conozco. Si te enteras de algo no dudes en contármelo.
—Por supuesto que no, Once.

Y dicho esto, Once desapareció, dejando a Siete como aturdido en medio del bosque. Dani se giró para contarle a Pedro lo que habían dicho pero le vio entornando los ojos mirando hacia la misma zona donde Siete se encontraba.

—Pedro, ¿qué miras? Si tú no ves nada... ¿o sí?

Pedro le miró ruborizándose repentinamente.

—No... no veo nada. Pero como tú mirabas hacia allí...
—Ah, vale... —respondió Dani, aunque le seguía dirigiendo una mirada suspicaz—. Pues eso, que he visto a...

Su explicación se vio interrumpida por la aparición de Nadia.

—¿Qué has hecho? —le espetó a Dani. Este último, sin comprender, abrió la boca para decir algo, pero no sabía a qué se refería Nadia.