martes, 5 de julio de 2011

Capítulo 2

Siguieron andando durante unos diez minutos. Nadia estaba cada vez más confundida y empezaba a molestarse de que su compañero no le contara el porqué de todo ese misterio. Sin embargo, fue él el que rompió el silencio.

—He conocido a una chica.

—¿Qué? —Nadia se preguntaba por qué habían ido tan lejos para decirle eso... Además, se sentía como vacía por dentro y no sabía exactamente por qué. Dani no le gustaba, de eso estaba casi segura (¿o quizá sí?), pero el hecho de que le contara eso la hacía sentir como si hubiera perdido un buen amigo.

—¿Ves esa cabaña ahí al fondo? Junto al acantilado. Vive ahí... Nos hemos estado viendo estas dos últimas noches... La conocí el primer día, cuando fui a dar una vuelta para descubrir el terreno, ¿recuerdas?

—Dani, esa cabaña tiene pinta de ser poco accesible... —murmuró Nadia entornando los ojos para ver a lo lejos— Además, no parece muy resistente, y mucho menos, habitable.

—Supuse que dirías algo así —Dani parecía de repente algo molesto. La miraba frunciendo el entrecejo—. Verás, ella vive con su madre, y no tienen mucho dinero, eso es todo lo que tienen.

—De acuerdo, sólo pensé que...

—Ven, te la presentaré. Estoy seguro de que te parecerá maja —dijo él con decisión.

—Oye, Dani, no sé si es buena idea, yo...

Pero el muchacho ya había echado a andar en dirección al acantilado, sin escuchar excusas. Nadia volvió una última vez la cabeza antes de echar a correr tras él.

Cuando estaban llegando, el terreno empezó a descender y Nadia confirmó sus sospechas acerca de la viabilidad del terreno.

—Dani, no sé si deberíamos ir por aquí. En serio, ¿por qué no volvemos con los otros?

—No digas tonterías; además, mira, ha venido a recibirnos —sonrió mirando unos metros más abajo.

Nadia miró en la misma dirección esperando ver al fin a la misteriosa muchacha pero no alcanzó a verla.

—¿Dónde? Es que no la v...

- Hola, Lucía.

Silencio. Nadia miró hacia donde él se fijaba y le dedicó una mirada de enojo.

—No me puedo creer que me hayas traído aquí para hacerme una broma ridícula.

Pero Dani no le escuchaba. Dirigía hacia el vacío una mirada perdida.

—Ésta es Nadia. Es la amiga de la que te hablé.

—Dani, estás empezando a asustarme. No tiene ninguna gracia, vámonos de aquí.

—Sólo estamos hablando. ¿De verdad vas a ser tan maleducada y vas a largarte? —le espetó Dani secamente.

Nadia se sentía verdaderamente acobardada ahora.

—Dani, ahí no hay nadie. Es más, voy a irme ahora mismo.

Dani la miró con severidad y le soltó:

—¡Pensé que tú la aceptarías! ¡Sólo porque es diferente decides dejarla de lado! ¡Por eso no quería contar nada a nadie!

Nadia ya tenía suficiente. Se dio la vuelta y empezó a correr a toda velocidad hacia la dirección opuesta, sin mirar atrás. El corazón le latía con mucha fuerza. ¿Qué dirían los otros? Todavía no podía creer lo que acababa de ver.

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