—Oye, Nadia, pásame la pelota, porfa - dijo uno de los que jugaba.
—Vooy.
Nadia era una chica de pelo claro y largo y ojos marrones, bastante delgada, aunque no demasiado alta. Tenía diecinueve años. Era de las menores del grupo, y sin embargo ella fue quien tuvo la idea de hacer con sus amigos una escapada a la playa durante unos días, para olvidar la rutina por un tiempo. Y lo cierto es que le había salido todo como deseaba.
Ya era la tercera vez que le pedían el balón. Fue a cogerlo y se lo lanzó a Manu, el chico que lo había pedido.
—Toma, a ver si aprendéis a jugar un poco mejor, que siempre se os va fuera.
—Vente tú, a ver si es tan fácil —la retó el otro, aunque sabía que la muchacha no tendría intención de ir. A Nadia no le gustaban ese tipo de deportes. Ella prefería estar un poco en el agua y quedarse después tomando el sol.
Todo el grupo estaba muy a gusto allí. Les había encantado la idea de Nadia; tenían muchas ganas de despejarse. Sin embargo, había un chico que no parecía estar pasándolo tan bien. Era como si estuviera nervioso por alguna razón. La chica se dio cuenta y se acercó a él.
—¿Qué te pasa, Dani?
Tardó un poco en contestar.
—¿Eh? ¿A mí? Nada, nada... oye, espera —se levantó de un salto.
—¿Qué?
De repente, se le veía mucho más calmado, como si acabara de encontrar la solución de un problema importante.
—¿Puedes venir conmigo un momento?
A Nadia le sorprendió aquella pregunta.
—Eh... vale, como quieras.
Lo miró. Dani era solo dos meses mayor que ella; era alto, moreno y de ojos verdes. Además, tenía un toque divertido que Nadia no sabía explicar muy bien, pero lo que tenía claro es que era muy simpático. Aunque últimamente estaba más callado que de costumbre. No obstante, acababa de mostrarle una de las sonrisas más sinceras que había visto nunca. Tras unos segundos, ella también se levantó y lo siguió. Parecía que simplemente quería dar un paseo por la playa. ¿Por qué la habría llamado a ella? Y ¿para qué? Todos en el grupo sabían de sobra que la joven no buscaba ningún tipo de compromiso ni nada parecido desde el fracaso de su última y única relación. Aunque quizá no fuera eso... Quién sabe. A lo mejor había sido casualidad, porque ella fue quien se había acercado a preguntarle. La verdad es que no lograba intuir sus intenciones.
Al principio no hablaban de nada, pero poco después Dani comenzó a alejarse lentamente de la playa.
—¿Adónde me llevas?
—Ya lo verás, todo a su tiempo.
Nadia cada vez entendía menos de todo esto.
—¿No me vas a contar nada?
—Todavía no. Ten un poco de paciencia, ¿vale?
Finalmente se resignó y continuó caminando a su lado por la arena, cada vez más lejos del mar. ¡Qué misterioso! ¿Qué querría contarle?
Mientras, unos cientos de metros atrás...
—¡Ey, deja de echarme arena, estoy intentando descansar un rato!
—Pues claro, así descansas más tapadita.
- Uy, ¿dónde están Nadia y Dani?
—Hace nada se han ido por allí.
—¡Buf! A saber lo que estarán haciendo... seguro que están... -intervino otro. No terminó la frase. No era necesario. Todos empezaron a reírse, dando rienda suelta a su imaginación.
Que se dieran ese tipo de situaciones en el grupo era habitual. Ya estaban acostumbrados, pero siempre era divertido aventurar las nuevas parejas antes de que se formaran.
—Qué dices, ya sabes que Nadia no es así -intentó defenderla una de sus mejores amigas—. Después de lo que le ocurrió...
—Bueno, bueno, eso ya lo veremos —respondió Manu entre las risas de todos.
—Oye, pero ¿vosotros no habéis visto a Dani un poco raro estos días?
—Puede ser. ¡Seguro que es por eso entonces! —siguió otra con la broma.
Lo que ninguno de ellos sabía es que el propósito de Daniel no tenía que ver en absoluto con sus impuros pensamientos.
Bueno, no me convence mucho pero ya que no empezaba nadie me he decidido yo. Quien quiera seguir que ponga un comentario avisando antes de empezar a escribir, no vaya a ser que sigan dos personas a la vez y solape una a la otra. Si nadie continúa tendré que decírselo a alguno... Ya sabéis, tenéis cinco días a partir de hoy para continuar. Cuando se formen los turnos, ya será así siempre, a no ser que sea necesario algún cambio.
ResponderEliminarCreo que con el inicio como ejemplo ya será más sencillo continuar la historia. Además, por ahora podéis encauzarla como queráis. Sobre todo, que no falten la imaginación y la coherencia. ¡Ánimo!
Continuaré yo, no sé si tenía que escribir el comentario aquí.
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